23 de mayo.
Triste contaba las horas, caminaba sin rumbo perdido entre luces y destellos de lo que alguna vez fue su vida, alzaba la vista atrás no había mas que sombras letras que no podía borrar, se detuvo, cogió la ultima silla de la estación, permaneció sentado, no había más que esperar el fatídico final, miro su sombra, no estaba solo, nunca lo había estado, aquella sensación de soledad no era mas que una aberrante ilusión, protección del inconsciente a su caprichoso corazón, no podía soportar una derrota mas, sin embargo allí estaba, siempre estuvo allí junto a el haciéndole compañía en silencio recordándole hasta donde podía llegar. Se levantó, el tiempo se habia agotado, a lo lejos podia escuchar el estridente sonido del final, cerró los ojos, por primera vez no se sentía solo, no tenia miedo, abrazo su sombra corrió hasta donde el camino le permitió avanzar, esa noche aquel extraño solitario murió, fue testigo del choque de dos mundos, dos universos se acababan de mezclar, murió para nacer de nuevo, aun no llegaba el punto final.

